Martes, 01 de Mayo de 2012 10:44
Nasama Alí Ahmed
A merced de un mar tempestuoso, imprevisible, que, a menudo, abre ante él simas de vértigo, el navío español va sin rumbo. No tiene al frente capitán, que, haciendo un esfuerzo responsable, estimule a la tripulación para conducirlo a puerto seguro. En vez de aligerar la bodega de contenidos pesados e innecesarios, lanza a mujeres y hombres por la borda, esperando que su quilla no se hunda más. Es un comandante desorientado, sin brújula ni cartas de navegación, que sólo obedece a los cantos de sirena que le llegan de una costa fría y lejana, de la que espera abrigo y en la que naufragará sin remedio. Ésta podría ser la metáfora de la España ‘mariana’, a la que don Mariano pide que resista, sin saber cómo ni con qué. Para hacer menos penoso el ya largo trance se recomienda cantar salves marineras y repetir las jaculatorias que los segundos de a bordo transmiten de forma tan poco convincente: “Cargamos con los pecados de otros”, “nos duele lo que debemos hacer”, “es cuestión de confianza” y un variopinto etcétera.
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