Ni contigo ni sin ti
Perdonen que mantenga mis dudas sobre la utilidad de seguir con discursos equivocados detrás de unas siglas, descartando el color del partido y primando el populismo resultadista.
En pocas palabras, poner a un partido “Caballas” (gentilicio cariñoso y popular referido a los ceutíes más castizos), puede resultar extraño cuando los militantes de dicha formación no se caracterizan por ser acérrimos a nuestras costumbres más rancias, tomando por bandera la defensa única y singular de una parte muy definida de la población. Mi perplejidad se acrecienta cuando un partido que lucha por hacer desaparecer los símbolos religiosos se alía con ellos. Si hay algo que destaque y dignifique a los musulmanes es su fidelidad a su religión como seña de identidad, siendo fieles a sus costumbres y descartando otro tipo de formas. Desde luego, la apuesta y la entrega por los suyos son envidiables, no haciendo uso de la diversidad con la única intención de dar pases de cara a la galería. Obviamente, los reproches podrían ser otros, siendo evidente la poca participación en la elecciones de esa parte de la población (quizás la falta de arraigo con la ciudad y sus orígenes más allá de la frontera delimitan el compromiso social).
Mi artículo puede parecer contradictorio, pero nada más lejos de la realidad, siendo mi opinión un intento de reflexión de la decadencia de las actitudes morales, de la aparición de corrientes muy pocas fiables como el “personajismo”, el buenismo figurado”... Formas que están tomando posiciones y que de manera sigilosa se hacen fuertes en las formaciones, dispersando y haciendo invisible su presencia, siendo palmeros de quien sea preciso y magnificando una unidad de la que ellos no conocen sustancialmente nada.
En definitiva, intentos por maquillar la escasez de talento con figurantes que tan sólo ven en la política una oportunidad de prosperidad económica.

























