La tragedia de los ruedos
Una semana difícil para la fiesta por la tragedia del maestro Juan José Padilla, demostrándose una vez más que hay sólo un paso del triunfo a la desgracia. La del coso del Pilar es una de las últimas ferias del año en España, festejos que cierran la temporada taurina, donde los diestros dejan los mejor de sus virtudes sobre el albero. En eso andaba el torero jerezano cuando se dispuso a banderillear al toro, perdiendo los pies tras ponerle el par y llevándose una cogida de espanto. Momento desgraciado que marcará su carrera de una u otra manera y que dejará una huella imborrable en su rostro.
La suerte es para quien la busca y en el caso de Padilla su pundonor le lleva siempre a banderillear a los toros aun no siendo su misión. Pese a ello, el diestro siempre demuestra su ímpetu para agradar al respetable y brinda a los tendidos, haciéndose participe en un tercio que no suele ser terreno de los matadores (pese a contadas excepciones: El Juli, Francisco Rivera, El Fandi etcétera).
El decoro unido al amor a su profesión hace que el torero llegue a terrenos prohibidos y son un ejemplo para darle la dimensión que merece la fiesta. Nadie se hizo eco de la dificultad de las reses que toreó siempre Juan José, saliendo a relucir por encima de los problemas con su naturalidad ante la adversidad y su compromiso profesional.
Hace unos años en el coso de Melilla, Juan José también tuvo una desafortunada cogida de la cual fui testigo, recuerdo que fue, al igual que en Zaragoza, por un traspiés por culpa del piso. En esa ocasión el toro aprovechó la falta de la muleta para darle un puntazo en uno de sus muslos, causando un percance lo suficientemente importante como para ir a la enfermería, pero en un gesto de valentía agarró la muleta y la espada y terminó lo que había empezado con la gallardía que le adorna. Al acabar la faena, corrí junto a un amigo para entrar al patio de cuadrillas, detrás de la ambulancia (lugar donde estábamos acostumbrados a jugar en los corrales volviendo locos a los mayorales). Recuerdo tu cara en la camilla y como levantabas tu mano haciéndonos ver que todo iba bien. Demostraste tu torería y saliste adelante, con el arrojo suficiente como para terminar culminando la faena y hacernos ver que no hay nada que te detenga. Seguramente, vives el peor momento de tu vida, para ti y para todos los tuyos, pero estoy convencido que tu talante y esa personalidad te harán salir victorioso como siempre. Pronto estará el Ciclón de Jerez de nuevo en los carteles confirmando que siempre que cae se levanta con más fuerza.

























