Entre el sentir y la realidad
Con “mágico chasquido” no pretendo despreciar el trabajo preparado por los nuevos responsables de país, ni lo arduo que puede resultar aquel. Sin embargo no podemos obviar que en un contexto económico como el del siglo XXI la recuperación de España no depende solo de sí misma, sino de su estrecha colaboración con Europa, o lo que es lo mismo, la pulcra y diligente aplicación de toda medida que la nación preponderante de la Unión Europea considere oportuna. La cuestión que nos atañe no depende de ideologías, ni de sistemas, ni de proyectos, no de los nuestros. La capitanía es comandada por una unión dentro de la cual España solamente puede asentir; todas las demás pasiones quedan al margen, con categoría de anecdóticas en comparación con lo que se cuece en el oscuro caldero europeo, cuya diversidad de sabores tendrá que caminar inevitablemente a una unificación íntegra si no quiere seguir siendo al final de la cocción lo que hoy es.
No son tiempos de la épica visión de salvadores y salvados que tanto gusta a cierto colectivo. Los países buscan vías para reequilibrar el sistema y reconducir la cordura, cada vez les importa menos el signo de quienes les flanquean; la situación acucia el acuerdo bajo presión que se hace, con el paso de los días, esencial, sin que haya tiempo disponible para atender a otros aspectos que sin ninguna duda recobrarán su histriónica relevancia cuando las aguas se calmen, no antes. De otra forma sería imposible alcanzar cualquier principio de orden que produjera el más remoto indicio de recuperación.
No obstante, al tiempo que los procesos definidores del futuro de numerosas zonas del mundo se desarrollan, la realidad del pueblo, llana y directa, continúa haciendo de su aventura diaria la indiscutible verdad del país, del mundo y de casi de todas las galaxias del espacio exterior. Dejándose arrastrar ahora por las influencias que pocos años antes rechazaban furiosamente, con el objeto de defender un efecto más duro que el criticado hasta la saciedad por ellos mismos en tiempos muy cercanos. En ocasiones demasiado frecuentes, el sabido como universal sentido común es tan difícil de comprender como las apetencias humanas banales. Quizá tengan algo que ver.

























