De crisis en crisis
En la segunda vuelta de la temporada, la revancha del cinco a cero quedó en un aburrido empate que, pese a entregar la liga al Barcelona, dicha prensa no tardó en traducir como un movimiento genial de José Mourinho, ahora sí conocedor de la fórmula para derrotar al Barça asiendo el Real Madrid. Se llegó a decir incluso que el histórico 5-0 había sido una prueba sin importancia para estudiar al rival; argumento inaudito y asimismo vergonzoso para una institución como la madridista. Lo cierto es que la fórmula de Mourinho cobró efecto en la final de la Copa del Rey y el Real Madrid se llevó su primer trofeo con el portugués al frente del pelotón madridista; ya era, pues, definitivo para aquellos periódicos: el entrenador blanco controlaba el juego de los azulgranas, abocados a la deriva que se profetizó poco tiempo atrás.
Pero los madridistas retornaron a la realidad siendo eliminados de la semifinal, en gran parte gracias a la diabólica actuación de Leo Messi, y observando al FC Barcelona ganar su cuarta Copa de Europa, con la liga amarrada desde el empate en la paupérrima revancha del Santiago Bernabéu. Como era previsible, la maquinaria se apresuró a acusar al arbitraje como elemento esencial para, después, cuando se comprobó que no había razón coherente ninguna en sus reclamaciones, reseñar la importancia de la llegada a la semifinal, que un año atrás había sido criticada como insuficiente para un Barça que supuestamente se deshacía. Lógicamente ni el doble juego de la prensa pudo frenar la repercusión del majestuoso año del Barcelona, responsable de mandar al traste las teorías de los periódicos y los periodistas más influyentes del país. No obstante, y aunque parezca surreal, la cosa no quedaría aquí. Después de un verano de constante ensalce a la pretemporada del Real Madrid y mofas hacia la del Barça, los madridistas llegaban a la Supercopa de España exultantes, haciendo un primer partido destacable que disparó las expectativas, truncadas en la vuelta de nuevo con un Leo estelar. Luego, cayó la Supercopa de Europa.
Hace unos días volvían los ataques al Barcelona y, por ende, a su estrella argentina, su principal sostén. Tres partidos sin gol de Leo y la evidencia de un juego ralentizado por la merma física y el rechazo incorregible del rival a salir del hacinamiento en su área eran suficientes para hablar de una nueva crisis, de un nuevo cambio en el fútbol español en pro del Real Madrid, cómo no. Pero el Barça respondió, en especial Messi con un par de “hattricks” consiguientemente menospreciados por la prensa de la que hablamos, cuyos periódicos semanas antes alababan los “hattricks” de uno de los delanteros de su equipo predilecto, ante rivales de un nivel no tan dispar. ¿Con crisis como estas pueden existir periodos de bonanza?

























