Sharapova no se acaba
Lo que más importa es que contra todo pronóstico, cuando nadie la esperaba en la fiesta de la WTA, Maria Sharapova ha vuelto a renacer. Habiendo dejado atrás los problemas de hombro que le han impedido estar a su nivel durante los últimos años y que a punto estuvieron de arrojarle a la retirada, en este curso ha ofrecido actuaciones de un nivel alto, aunque bien es cierto que aún distante respecto a la Sharapova que más han temido las rivales tiempo atrás. Además de ganar los torneos de Roma y de Cincinnati, la siberiana ha alcanzado las semifinales de Indian Wells, la final de Miami, las semifinales de Roland Garros y la final de Wimbledon por segunda vez en su vida, desplegando un tenis atractivo con destellos de la antigua Sharapova. Unos apuestos resultados que han conseguido meter presión a Caroline Wozniacki, la actual número uno del mundo, a la que parecía que nadie ni siquiera importunarle estando Kim Clijsters lesionada.
Por desgracia para el tenis y para ella personalmente, un mes antes de afrontar el WTA Championships Sharapova tuvo que abandonar en cuartos de finales del torneo de Tokio debido a problemas en uno de sus tobillos, por lo que no ha podido llegar de la mejorar forma al torneo que está disputando durante estos días. No obstante, al margen de lo que haga en este último torneo importante del año, la rusa merece que se le reconozca no solo por sus éxitos pasados sino por el extraordinario esfuerzo llevado a cabo para poder completar un año como este después de una lesión tan complicada y compleja en una tenista de élite, especialmente tras el pésimo e injusto tratamiento que la prensa le ha dedicado en momentos críticos, mezclando asuntos personales con los profesionales y centrando su bajada de rendimiento en la desidia, con el único objetivo comprensible de derribar su reputación deportiva con el lamentable beneficio de la expectación. Rectificar, de vez en cuando, no está mal.

























