Tres años de casi nada
Las imprecisas justicias del mundo
Sistema de inseguridad en el Siglo XXI
Una humillación más para las mujeres
El inoportuno ‘crack’ del ‘crack’
Cuando la política nos insulta
Otro golpe a la cultura española
El escándalo de old trafford
Más allá de armstrong
El efecto ‘partner’
El año del chico de Akron
El 2012 ha sido el año de aquel chaval de Akron cuya máxima preocupación en su paupérrima juventud era la de ver de nuevo a su madre al día o a la semana siguiente, cuando esta volviera tras trabajar en cualquier labor esporádica que hubiera encontrado para mantener a su hijo. El mismo muchacho que lideró a un equipo de barrio en el instituto para derribar a combinados con jugadores de todas las partes de los Estados Unidos, y conseguir, con ello, elevar trofeos que ni en sueños hubiera imaginado el St. Vincent-St. Mary.
LeBron James ha vivido durante el 2012 la plena madurez de sus facultades físicas y mentales; nadie dudaba de que la primera se acabaría dando, pero muchos ponían entredicho que la segunda se hiciera realidad como, por las expectativas generadas, se esperaba de él. Entre los que dudaban de James yo he sido, sin ninguna duda, el primero. No dudaba de que fuera a ganar en Miami, eso era lo más lógico teniendo en cuenta la calidad del equipo, sino de su evolución individual. Jamás pensé que su nivel de madurez fuera capaz de cuajar cada una de las condiciones que componen su estupenda base. Obviamente estaba equivocado.
El intenso trabajo de los disparos de media y larga distancia le ha otorgado mayor solidez en este aspecto, sin perder la explosividad y el físico prodigioso que le permite superar a cualquier defensor en las penetraciones. Es más, incluso en esto último LeBron ha progresado cuando parecía imposible. Además, ha demostrado una regularidad enorme para templar su ansia anotadora cuando el pase definitivo se ofrece como la solución más segura, sin temor a poner en riesgo su lucimiento en los lanzamientos decisivos sobre la bocina. Ahora hace todo lo que sea necesario para que su equipo venza, un hecho que no ocurría antes, cuando anteponía su figura por encima de todo lo demás.
Pero su evolución no se ha limitado sólo a lo anterior, al mismo tiempo ha afinado aún más el rebote y ha intensificado sus movimientos en la pintura, sacrificándose cuando ha sido necesario para defender a jugadores especialistas en la zona dado el gran déficit de su equipo en esta área. Del mismo modo, ha sido él quien ha tenido que enfrentarse a las rutilantes estrellas rivales para reducir su aportación. Lo más asombroso es que la sobrecarga de trabajo no ha hecho que flaqueara en ningún aspecto, todo lo contrario, ¿qué no ha hecho sobresalientemente?
James ha campeado por las pistas como un jugador celestial, algo que pocas veces se ha visto en la historia del baloncesto mundial. Las últimas referencias en conseguir un efecto parecido han sido jugadores como Shaquille O’Neal, Tim Duncan o Kobe Bryant, cuyos nombres hablan, por sí solos, de la importancia de lo que nos atañe. No en vano, ello ha valido a LeBron para ser el mejor jugador de la temporada regular y también de las Finales de la NBA, donde conquistó su anhelado primer anillo, y colgarse su segunda medalla de oro olímpica. No es sólo todo lo que ha conseguido sino cómo lo ha hecho. Un auténtico ejemplo de superación de quien, sin ser el más talentoso de la liga, se ha convertido en el mejor de todos ellos. Me alegro mucho por él; se lo merece.
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Hugo de Lara









Tibetano - Yo tengo una pregunta, ¿han cambiado el día de celebración de los santos inocentes?, que ...