La historia de Anuar
De esta historia no puede permitirse el abandono que padece una familia que, movida por su desconocimiento, no sabe qué puerta tocar y termina acudiendo a la prensa. Es lo que haríamos cualquiera de nosotros si nos topáramos con un caso de este tipo: con familiares presos en Marruecos (por equivocación o no), abandonados a su suerte y, en el caso de los musulmanes, combatiendo incluso con el hecho de que sean dados por marroquíes y no como españoles.
No se puede admitir que a un ceutí, español se le haya dado una brutal paliza sin que exista el canal diplomático adecuado para que, quien sea competente, al menos se preocupe, pregunte por su historia, haga acto de presencia. En la historia reciente tenemos muchos casos de ceutíes que han sido detenidos al otro lado y para cuya liberación ha sido necesaria la implicación incluso de las altas instancias políticas o las fuerzas de seguridad en los casos en los que los perjudicados han sido agentes policiales.
Anuar es tan solo un vecino de Ceuta, que cometió un error y que por eso está cumpliendo una condena. De ahí a permitirse torturas, a que su familia esté sufriendo porque teme su muerte hay una gran diferencia. ¿Dónde queda la debida protección?



























