Menores y el pleno
No hay que tener muchas luces para saber la forma en la que la Ciudad ha tenido que hacer frente al traslado de los MENA. Nunca va a reconocer que hubo años en los que se durmió en los laureles, creyéndose que las advertencias del Defensor eran una chorrada y que el Fiscal nunca iba a sacar las uñas ordenando que terminara la vergüenza. Así que, ahora, se ha tenido que plegar a los militares que todavía esperan tener una fachada de la COMGECEU bien pintaditada y que al final nada les han dado, y a la Iglesia, que menudo capote les ha echado tras el incendio del ‘Mediterráneo’. Así hasta llegar al albergue de Hadú, apropiándoselo por la vía de urgencia, desvirtuando su sentido original, mientras aguantan los dolores de cabeza de Rabea que ya no sabe qué malabarismos hacer para afrontar la patata caliente de asuntos sociales.
Esta ha sido la situación y para entenderla no es necesario preguntar, repreguntar y volver a hacerlo sobre un asunto del que poco más se puede contar. Así que ya no sé si se hace porque se carece de amplitud para hacerlo de otras cosas que también nos afectan -y mucho- o por puro interés particular o partidista. Lo segundo sería grave porque supondría la separación de los concejales y sus votantes.
¿Es la política de menores un asunto tan importante como para motivar mociones, interpelaciones o propuestas urgentes cada mes? Y lo que nos queda.



























