La denuncia
El respeto a los derechos humanos no está enfrentado con la política policial que adopta un país. Al menos no debería ser así. Aun cuando las políticas migratorias adoptadas han sido un auténtico fracaso -y a los hechos me remito-, toda una comunidad internacional no puede ser testigo de cómo un país al que se recibe, al que se visita actúa de esta manera con los inmigrantes.
Hace un par de días narrábamos el encuentro entre Rajoy y sidi Mohamed. ¿Aceptamos reunirnos con quien permite que se cometan prácticas de este tipo y nos rasgamos las vestiduras cuando asoman pequeños dictadores que sencillamente hacen lo mismo que el que se inventa una Constitución y unas elecciones ‘democráticas’?, ¿se nos da una sola razón de por qué se continúa con las detenciones y con las expulsiones al desierto, en vez de, sencillamente, proceder a detenciones pero respetando los derechos humanos?
Denuncias como la que hoy hacemos público no son nuevas. Recuerdan a las imágenes de 2005 de aquellos autobuses militares cargados de inmigrantes que eran abandonados en el desierto. La comunidad internacional calló y ahora, con los mismos mimbres, vuelve a hacerlo.



























