ETA acaba de decir que declara: el final de “la confrontación armada”
Constitución, sólo cuando conviene
La Realidad
Error progresistal
En Moguer
un día tal de veintitrés de diciembre,
sonando campanas de medianoche,
cuando la espiga y la jara se han ido,
y duermen los cantos de ruiseñores,
viene a nacer Juan ramón Jiménez,
en un silencio de nocturnos campos
y quedos ojos de mirada verde.
Su hogar en Ribera, junto a Las Flores,
-¡casa tan querida en la villa blanca!-
cobijo del jardín de sus amores,
su patio de paredes encaladas;
jugando con las brisas en el aire,
ponía: azules, amarillos, malvas,
en el escenario de un cielo cuajo,
de albos luceros y lunas de plata.
Sensible cantos de bellos paisajes,
mogareño inmortal de poética alma;
en Mazagón, marinero de orillas,
soñador de tempranas levedades;
tú, viajero de largos horizontes,
llenaste de sal, de auroras y mares,
corazones de tu tierra y otros sitios,
meciendo la tristeza en soledades.
Un surgir desataado de volcanes,
te desterró al éxodo, al exilio,
cubriendo tu tiempo de mundos nuevos:
Washington, Cuba, Miami, Puerto Rico;
entu conjunción: despedida y gloria,
aromas de vino y trigo limpio,
laureles, Nobel, adiós a Zenobia;
después, tu huída de amor hacia el Olimpo.
Pintaste, con luz de arcoiris los puentes;
rimas, sombras, estíos, poemas abiertos,
el trote de Platero entre nubes;
tu voz de poeta, de ecos en revuelos,
dejó idilios prendidos en las rejas,
y dulces besos en portales viejos;
cual pájaros líricos, tus palabras
desbordan de poesía los universos.
La Pluma
Las realidades, quedan aparcadas;
los nuevos pregoneros, proscritos;
en el cajón del invierno,
tres mil papeles escritos.
La pluma trazó su ritmo,
en un marasmo de aconteceres diversos:
malos, algunos de ellos;
otros, casualmente, imprevistos;
también los hubo... buenos,
indiferentes, festivos,
próximos, apasionados,
y, a veces...
incluso, sin sentido.
Quedan fechas que no se olvidan...
sea, por demasiado amargas,
o, por ser luces de vida,
o recuperar un sueño...
alejado en los días,
evocando una mirada...
Las palabras se desvanecen...
en la etérea existencia,
¡tan efímera!,
¡tan casquivana!,
¡tan de indolencia!
¡tan soñadora de nadas!
Las palabras se pierden,
rompiendo el frío de la escarcha.
Es difícil escribir...
casi imposible...
cuando acucia la prisa,
y las ideas revolotean inquietas,
locuelas, imprecisas;
como hojas aireadas a barlovento,
como viraje de timón,
como velero a la deriva,
navegando a trasaire...
al cero de los momentos.
EL LÍMITE DE LOS LATIDOS.
La arena es el límite de los latidos...
y los reflejos lunares;
su tez de rubio desierto,
se ha de trocar en sombra parda...
al abrazarla la noche.
Merodea la calma...
entre la tierra y el mar,
vislumbrando horizontes que se pierden
en la profunda oscuridad de las aguas.
Al borde, la ciudad pausada,
lindando el camino festonado,
su paseo de farolas encendidas,
el rodar de los coches en paralelo,
las viviendas de los bloques, las palmeras.
En el fondo, las luces de los barcos,
en un balanceo continuo...
sobre el crepúsculo negro.
Al compás de la benévola brisa,
como una alfombra de burbujas rotas,
las inagotables ondas rizadas...
se deslizan, irisando la bahía.
El silencio se extiende inconcreto,
rozando los sueños, que se duermen...
en el aire que levantan los vuelos...
de las altivas gaviotas azules.
Un sosiego de contrapié redondo
se alza en la majestad del cielo,
cerrando los últimos resquicios
de la pasada claridad de la tarde.
Desde la oteidad de la alta ventana,
la imaginación de abiertos ojos,
deja su queda mirada...
en la bella realidad que le circunda.
Sosiego
un mirar de atardeceres,
se alza desde la orilla...
con los párpados de ensueños,
como cadencias de rosas;
con las pestañas de versos,
como ritmos de mimosas.
En un rincón de aguacates,
en un punto de esmeraldas,
esperando está la noche...
con arrebatos de soles
como frutas escarlatas,
con esperanzas de lunas
como alboradas de plata.
En un momento redondo,
en el centro del espacio,
asoma la etereidad
con sonata de bolero,
como balada de invierno;
con los ojos entreabiertos,
como barca en varadero.
Se nos ha ido
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Álvaro Cordón












